Si
crees que ya estás viejo y cansado y que ya no tienes nada que dar de ti, estás
completamente equivocado; nunca es tarde para vivir una aventura, y la más
emocionante es cuando escuchas a Dios que te llama. Abrán en su edad avanzada fue
capaz de escuchar la voz de Dios y ponerse en marcha para obedecerle, de ese
modo se convirtió en nuestro Padre en la Fe.
Dios
llama a Abrán a salir de su tierra y de la casa de su padre a un lugar
incierto. Abrán no tiene la certeza de su futuro; sin embargo, porque confía
plenamente en el Señor se pone en marcha con toda su familia y con todos los
bienes que había adquirido, dejando atrás muchas nostalgias vividas en el
pasado; no con tristeza, sino con una alegría interior por seguir a Dios.
Definitivamente
haber escuchado al Señor y haberle seguido ha cambiado su vida. Ahora su vida
tiene un nuevo horizonte y lleno de sentido, lleva en su corazón la Promesa
hecha por Dios: una descendencia más numerosa que las estrellas del cielo y las
arenas del mar, y una tierra donde fluye leche y miel. Es Dios quien le hace
esta promesa, por eso confía plenamente que le cumplirá.
