martes, 10 de enero de 2017

La Vocación de Abrán, Padre de la Fe (Gn 12,1-9)


Si crees que ya estás viejo y cansado y que ya no tienes nada que dar de ti, estás completamente equivocado; nunca es tarde para vivir una aventura, y la más emocionante es cuando escuchas a Dios que te llama. Abrán en su edad avanzada fue capaz de escuchar la voz de Dios y ponerse en marcha para obedecerle, de ese modo se convirtió en nuestro Padre en la Fe.

Dios llama a Abrán a salir de su tierra y de la casa de su padre a un lugar incierto. Abrán no tiene la certeza de su futuro; sin embargo, porque confía plenamente en el Señor se pone en marcha con toda su familia y con todos los bienes que había adquirido, dejando atrás muchas nostalgias vividas en el pasado; no con tristeza, sino con una alegría interior por seguir a Dios.

Definitivamente haber escuchado al Señor y haberle seguido ha cambiado su vida. Ahora su vida tiene un nuevo horizonte y lleno de sentido, lleva en su corazón la Promesa hecha por Dios: una descendencia más numerosa que las estrellas del cielo y las arenas del mar, y una tierra donde fluye leche y miel. Es Dios quien le hace esta promesa, por eso confía plenamente que le cumplirá.

Abrán nos enseña a poner nuestra confianza en Dios y a dejarnos conducir por Él, y así sin importar la edad, Dios hará su obra en Nosotros. No tengamos miedo a escuchar el llamado de Dios y a seguirle, con seguridad tendremos una gran aventura en nuestra vida, como la tuvo Abrán.